ISABEL SÁNCHEZ BURGOS
David Burns deja la dirección general de Schroders en España. Recién nombrado adjunto al máximo responsable de Instituciones Globales de Schroders, Burns será quien gestione el negocio con los principales clientes globales de la gestora. Lo hará desde Londres, su ciudad natal, aunque su vinculación con España se mantendrá viva. Entre otras cosas, porque ejercerá de presidente no ejecutivo, y como tal seguirá potenciando la estrecha relación que mantiene con los clientes de la firma en nuestro país. David Burns fue uno de aquellos «atrevidos» gestores que logró implantar aquí una firma, con nombre extranjero y de difícil pronunciación. Llegó a España para iniciar una nueva etapa en la gestión colectiva y él solo abrió la oficina de Madrid. Los comienzos fueron duros; los resultados, muy satisfactorios.
David Burns deja la dirección general de Schroders en España. Recién nombrado adjunto al máximo responsable de Instituciones Globales de Schroders, Burns será quien gestione el negocio con los principales clientes globales de la gestora. Lo hará desde Londres, su ciudad natal, aunque su vinculación con España se mantendrá viva. Entre otras cosas, porque ejercerá de presidente no ejecutivo, y como tal seguirá potenciando la estrecha relación que mantiene con los clientes de la firma en nuestro país. David Burns fue uno de aquellos «atrevidos» gestores que logró implantar aquí una firma, con nombre extranjero y de difícil pronunciación. Llegó a España para iniciar una nueva etapa en la gestión colectiva y él solo abrió la oficina de Madrid. Los comienzos fueron duros; los resultados, muy satisfactorios.
¿Cuál es su primer recuerdo de España? ¿Le sorprendió la forma en la que estaba «montada» la industria de fondos de inversión?
Sí, la verdad es que al llegar a España entendí rápidamente que el mercado estaba mucho más desarrollado de lo que pensábamos. Al principio, quienes veníamos de fuera lo hacíamos con una visión casi de «territorio virgen», de un país donde se esperaba la llegada de un «Schroders» para aprender.
Pero supongo que habría notas diferenciales.
Sí. Por ejemplo, me sorprendió que en España, frente a otros países europeos, el 95 por ciento de la distribución de los productos de ahorro se hiciera a través del sector bancario. El dilema entonces fue: ¿me enfrento con la banca o colaboro ella? La primera opción, desde luego, era una locura, por lo que nuestra primera labor fue empezar a detectar los huecos en el mercado. Había producto, pero limitado. Faltaban fondos más exóticos, diversificados, globales...
¿Un comienzo duro?
Duro, pero no sólo para nosotros, sino para todas las gestoras extranjeras que llegábamos a España. Eso sí, también era mucho más divertido. Apenas éramos media docena de entidades, que teníamos que hacer un trabajo casi artesanal y muy creativo. Con el agravante de las crisis que se sucedieron: el 98, la burbuja tecnológica, el 11-S... Luego un obstáculo importante, cuando en 2003 se modificó la regulación y se eliminó el peaje fiscal por traspaso de fondo. Hubo un «intento» de limitar la regulación a las gestoras domésticas, excluyendo a las extranjeras con fondos registrados en Luxemburgo. Y eso nos ponía en clara desventaja. Nuestra guerra era demostrar que, al final, el perjudicado iba a ser el inversor. Y en esa lucha estuvimos todos a una, porque de haberse aprobado la ley como se presentó inicialmente, muchos nos hubiéramos quedado sin negocio. Fue un momento brillante, en el que decidimos que, o lo solucionábamos, o hacíamos las maletas.
¿Y han sabido aprovechar esa ventaja?
Claramente, sí.
¿Cómo convenció a sus primeros clientes?
Fue sobre todo un tema de abordar la colaboración. Tardó, pero poco a poco, la actitud de los bancos y cajas españoles ha sido la de aceptar que era más costoso y menos eficiente para ellos ampliar su gama de fondos que distribuir producto de terceros.
¿Y cómo han transcurrido estos diez años? ¿Ha alcanzado todos sus objetivos?
Supongo que el objetivo final nunca se alcanza. Pero, en cierta medida, puedo decir que he logrado mis propósitos: un negocio consolidado, rentable, buenísimas relaciones con los clientes, marca reconocida. Lo bueno de este sector es que está en constante evolución. Me ha encantado vivir la experiencia de pasar de un mercado relativamente controlado y limitado, a estar hoy en uno de los mercados más liberalizados de Europa y con mayor potencial de crecimiento. En parte, si me da pena dejar España, es por ello. Sigue habiendo tanto ahorro gestionado como no gestionado. Y pensar en doblar el volumen que ahora Schroders tiene en España es un objetivo alcanzable en los próximos tres a cinco años.
¿Cambiaría algo de la legislación actual?
Hoy por hoy, lo único que bajo mi punto de vista debería o podría cambiar es la fiscalidad de los planes de pensiones. Los límites actuales no animan mucho a la creación de planes de jubilación.
¿Cuál cree que ha sido la mayor aportación que han hecho las gestoras extranjeras?
Sobre todo, la de ampliar la gama de productos, ahora mucho más diversificada, y poder ofrecer esa gama de una manera muy transparente, además de un afán por el servicio al cliente.
¿Y considera que han fallado en algo?
Básicamente, no. Quizás el no haber entendido, cuando aterrizamos en España, lo difícil y competitivo que iba a ser el mercado. Tal vez lo infravaloramos.
¿De qué se siente más orgulloso?
Del Premio de Periodismo creado por Schroders España. Ha sido un referente y me divierte muchísimo hacerlo.
Destaque un hito en la evolución del sector.
Yo destacaría tres aspectos: la profesionalidad de la CNMV, que ha entendido que el mercado debía ampliarse; la fiscalidad, que nos ha apoyado; y la regulación. Se controla bien, pero con pocas trabas.
¿Hay una verdadera arquitectura abierta?
Sí. De hecho, creo que estamos en la vanguardia. Lo que puede cambiar es la tendencia a desligar la gestión de la distribución. Cada vez será más y más difícil gestionar y cada vez más y más fácil distribuir. En los próximos cinco años muchas entidades se van a plantear qué hacen gestionando, gastando dinero en analistas y gestores, cuando pueden comprar un producto igual o mejor que el suyo y concentrarse en ganar con la distribución.
¿Cómo cree que ha cambiado la cultura financiera en España a lo largo de estos diez años?
Muchísimo, sobre todo en la percepción del inversor de a pie, al que le han educado, le han formado, pero también se ha autoeducado. Hoy tiene a su alcance una información más clara y transparente.
¿Cómo ve el futuro de la industria de fondos?
En un momento bastante complicado. Los mercados van a seguir muy volátiles durante tiempo y estamos casi en recesión. La compra de Bear Stearns, por ejemplo; yo la hubiera dejado caer, porque hubiera supuesto la capitulación del mercado. No creo que veamos más sustos como éste, pero sí malos resultados, provisiones, menores beneficios. Y luego, mientras siga la guerra del pasivo... El que tiene dinero ahorrado y no sabe que hacer con él, ¿se va a meter en un fondo de renta variable con escaparates al 5,5 por ciento?
¿Les preocupa esta guerra?
Es algo contra lo que no puedes luchar. Y, desgraciadamente, puede durar mucho tiempo. El sector necesita pasivo y no veo al Sr. Trichet con intención de bajar tipos.
Con este panorama, ¿cree que hay hueco para más competidores en España?
A mí no me gustaría estar ahora mismo abriendo una pequeña oficina en España. Hoy por hoy, complicado.




