Demasiada confianza desprende el mercado bursátil, en un contexto de crisis. En efecto, los resultados empresariales no son tan malos como los esperados (Santander ha anunciado, hoy mismo, que su beneficio ha crecido un 22% en el primer trimestre), y nos fijamos en Estados Unidos, donde algunos analistas hablan ya de leves indicios de un final de la crisis. Pero no podemos extrapolar la situación que se vive al otro lado del Atlántico a la de Europa. Simplemente, porque allí, desde comienzos de 2007, vienen arrastrando los efectos de la desaceleración económica. Un hecho que aquí, apenas ha cumplido cuatro o cinco meses.
Tanto en España como en Europa, solamente asistimos al inicio de ese periodo que vivieron en EE.UU. hace doce meses. En estas semanas es cuando las empresas registran menores beneficios y se dan cuenta de que el consumo se ha ralentizado en todos los sectores. Será en los próximos resultados cuando veamos los primeros efectos de la crisis, que se acentuará a lo largo de todo el ejercicio.
Lo mismo ocurre con los tipos de interés. No podemos pedir que el Banco Central Europeo haga lo mismo que la Reserva Federal, porque en Estados Unidos comenzaron a sufrir los efectos de las “subprime” y comenzaron a caer los tipos en el segundo semestre. Aquí, ni siquiera las entidades han dicho la última palabra con respecto a los efectos de las hipotecas de alto riesgo, mientras que en EE.UU., ya ha habido despidos masivos, adquisiciones de entidades, intervención de la Fed.
El de los resultados empresariales y el de los tipos de interés son solamente dos ejemplos de que a Europa le queda un largo camino por recorrer, y que cada área económica lleva un ritmo diferente. Sin prisas: a la zona euro, ya le llegará su propia etapa de “vacas flacas” –que ahora sólo se vislumbra a lo lejos-, y ya habrá tiempo de bajar, de verdad, el precio del dinero.





