Una de cada cuatro reclamaciones financieras tienen que ver con depósitos bancarios, según un estudio de la Asociación de Usuarios de Bancos y Cajas (Adicae). ¿A qué se ha debe este volumen de reclamaciones? ¿Malas prácticas financieras o un fenómeno normal derivado del crecimiento del negocio de depósitos?
Según datos del Banco de España, más de 350.000 millones de euros están ya en imposiciones bancarias. Sin embargo, la «guerra» del pasivo podría estar tocando techo. Así lo consideran algunos analistas, en vista del panorama financiero que se avecina, con muchas posibilidades de que el Banco Central Europeo (BCE) baje los tipos de interés a partir de verano. Un descenso de este indicador, que determina el precio al que los bancos se prestan dinero, reanimaría el mercado de crédito interbancario y las entidades financieras, inmersas en acusaciones de crisis de liquidez, optarían por esta vía de financiación.
La directora de banca comercial de Banco Popular, Blanca Monje, considera que «aunque nadie puede predecir los movimientos del BCE, una bajada repercutiría directamente en la rentabilidad de los depósitos a tipo fijo». Aunque, por otro lado, cree que «las remuneraciones ofrecidas por los estructurados van a seguir creciendo, ya que tienen otros subyacentes».
El presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, acaparó toda la atención mediática hace unas semanas, al afirmar que bancos y cajas «tendrán que salir al mercado para obtener liquidez y refinanciar las emisiones realizadas».
Crisis de liquidez
Las dificultades de obtener financiación en el mercado interbancario han desatado la afamada «guerra» del pasivo. Bancos y cajas acuden a su red de clientes para captar financiación mediante productos de ahorro. En Banco Popular creen que «las entidades con más problemas de liquidez son las que tienen que acudir al extratipo». Sin embargo, si los tipos de interés del BCE bajan, y el mercado interbancario se desatasca, los directivos financieros optarían por la segunda vía.
La rentabilidad de un depósito es el precio que el banco tiene que pagar a su cliente por tomar su dinero. De modo que si para financiarse, una entidad tiene que optar entre hacer emisiones de un depósito al 5,25 por ciento, o contratar un crédito en el mercado interbancario a un tipo bastante inferior, la decisión es muy sencilla.
De hecho, las entidades financieras no escatiman en idear técnicas que garanticen una financiación barata. Por un lado, juegan con los límites de inversión mínima o máxima. Para las imposiciones más longevas establecen unos elevados importes mínimos. Mientras que los depósitos con los tipos más altos, suelen tener vencimientos prematuros y, además, se impone un capital máximo. Por ejemplo, el depósito a un mes de Bankinter, remunerado al 11 por ciento TAE, no puede contratarse por una cantidad mayor de 30.000 euros. Por otro lado, la emisión de productos remunerados en especie, como videoconsolas, vajillas o cuberterías, también son muy rentables para la entidad.
Estructurados
Sin embargo, la estrategia de mayor éxito en las últimas semanas es la emisión de depósitos estructurados. Esta vía puede suponer para la entidad un método de financiación a un coste muy favorable, gracias a su diseño organizado en estructuras de derivados. Además, el cliente puede quedarse sin rentabilidad si no se cumple la condición establecida.
Un depósito estructurado somete su rentabilidad al cumplimiento de una condición. La gran mayoría de ellos están referenciados a activos subyacentes como: índices, valores bursátiles, divisas o materias primas.
Además, también es posible encontrar depósitos cuya remuneración está supeditada a los resultados de un campeonato de fútbol, como el Depósito Banco Sabadell Campeón, o a la puntuación obtenida en un videojuego «on-line», como el Depósito Interactivo de Caixa Catalunya. En este producto, la rentabilidad depende de la habilidad del cliente para superar las pruebas de un juego en red. Las fórmulas son muy variopintas, y cada vez más complejas.
Sin embargo, entrar en estos productos supone un riesgo, que no siempre es necesario correr en un mercado financiero desarrollado como el español. La recomendación habitual es valorar bien sus condiciones, y utilizarlos como complemento de una cartera diversificada.
Sin embargo, algunas de estas imposiciones se realizan a periodos muy largos, y en estos casos la inflación es una amenaza. La falta de liquidez de estos productos puede suponer pérdidas en términos reales, si no se da la condición de rentabilidad y se dispara el IPC, por lo que también es aconsejable valorar las perspectivas de este indicador.
Por ello, no son pocos los analistas que consideran que un fondo monetario es una buena alternativa a estos productos, ya que permite retirar el dinero en cualquier momento. Además, hay otro tipo de inversiones que siempre garantizan la rentabilidad, como la deuda pública.
No obstante, la libertad a la hora de diseñar estructurados, «permite establecer algunos mecanismos de protección al cliente», según Blanca Monje. Por un lado, algunos poseen ventanas de liquidez, que permiten retirar la inversión antes de vencimiento, sin tener que afrontar las comisiones. Otros cuentan con niveles de consolidación que aseguran la rentabilidad una vez que el subyacente alcanza un determinado punto, al margen de que más adelante suba o baje, entre otras formas.
Con todo, si desea contratar uno de estos productos, no se limite a los mensajes publicitarios. Acuda a un asesor y exija toda la información sobre el depósito: rentabilidad, condiciones, tiempo y garantías.




